viernes, 20 de julio de 2007

El 20 de Julio, recordemos áquel 19 de Diciembre

19 DE DICIEMBRE DE 1971

(Roberto Fontanarrosa)

Sí yo sé que ahora hay quienes dicen que fuimos unos hijos de puta por lo que hicimos con el viejo Casale, yo sé. Nunca falta gente así. Pero ahora es fácil decirlo, ahora es fácil. Pero habla que estar esos días en Rosario para entender el fato, mi viejo, que hablar al pedo ahora habla cualquiera.

Yo no sé si vos te acordás lo que era Rosario en esos días anteriores al partido. ¡Y qué te digo “esos días”! ¡Desde semanas antes ya se venía hablando, del partido y la ciudad era una caldera, porque eso era lo que era la ciudad! Claro, los que ahora hablan son esos turros que después vos los veías por la calle gritando y saltando como unos desgraciados, festejando en pedo a los gritos y después ahora te salen con que son... ¿qué son?... moralistas... ¿De qué se la tiran, hijos de mil putas? Ahora son todos piolas, es muy fácil hablar. Pero si vos vieras lo que era la ciudad en esos días, hermano, prendías un fósforo y volaba todo a la mierda. No se hablaba de otra cosa en los boliches, en la calle, en cualquier parte. Saltaban chispas, te aseguro. Y la cosa arrancó con el fato de las cábalas. O mejor dicho, de los maleficios.

— Hay que entender que no era un partido cualquiera, hermano, era una final final. Porque si bien era una semifinal, el que ganaba después venía a jugar a Rosario y le rompía el culo a cualquiera. Fuera Central como Ñul, acá le hacía la fiesta a cualquiera. ¡Y cómo estaban los lepra! ¡Eso, eso tendrían que acordarse ahora los que hablan al reverendo pedo y nos vienen a romper las pelotas con el asunto del viejo Casale! ¿No se acuerdan esos turros cómo estaban los lepra? ¿No se acuerdan ahora, mi viejo? Había que aguantarlos porque se corrían una fija, pero una fija se corrían, hermano, que hasta creo que se pensaban que nos iban a llenar la canasta. No que sólo nos iban a hacer la colita sino que además nos iban a meter cinco, en el Monumental y para la televisión. ¡Pero por qué no se van a la concha de su madre! ¡Qué mierda nos van a hacer cinco esos culosroto! ¡Así se la comieron doblada! ¡Qué pija que tienen desde ese día y no se la pueden sacar!

Pero la verdad, la verdad, hermano, con una mano en el corazón, que tenían un equipazo, pero un equipazo, de padre y señor mío.

Hay que reconocerlo. Porque jugaban que daba gusto, el buen toque y te abrochaban bien abrochado. Estaba Zanabria, el Marito Zanabria; el Mono Obberti ¡Dios querido, el Mono Obberti, qué jugador! Silva el que era de Lanús, el albañil. ¡Montes! Montes de cinco; Santamaría el Cucurucho Santamaría, qué sé yo, era un equipazo, un equipazo hay que reconocer, y la lepra se corría una fija. ¿Sabés cuántos había en la ruta a Buenos Aires, el día del partido? Yo no sé, eran miles, millones, yo no sé de dónde habían salido tantos leprosos. Si son cuatro locos y de golpe, para ese partido, aparecieron como hormigas los desgraciados. Todos fueron. ¡Lo que era esa ruta, papito querido! Entonces, oíme, había que recurrir a cualquier cosa. Hay partidos que no podés perder, tenés que ganar o ganar. No hay tutía. Entonces si a mí me decían que tenía que matar a mi vieja, que había que hacer cagar al presidente Kennedy, me daba lo mismo, hermano.

Hay partidos que no se pueden perder. ¿Y qué? ¿Te vas a dejar basurear por estos soretes para que te refrieguen después la bandera por la jeta toda la vida? No, mi viejo. Entonces, ahí, hay que recurrir a cualquier cosa. Es como cuando tenés un pariente enfermo ¿viste? tu vieja, por ejemplo, que por ahí sos capaz hasta de ir a la iglesia ¿viste? Y te digo, yo esa vez no fui a la iglesia, no fui a la iglesia porque te juro que no se me ocurrió, mirá vos, que si no... te aseguro que me confesaba y todo si servía para algo. Pero con los muchachos enganchamos con la cuestión de las brujerías, de la ruda macho, de enterrar un sapo detrás del arco de Fenoy, de tirar sal en la puerta de los jugadores de Ñubel y de todas esas cosas que siempre se habla. Por supuesto que todas las brujas del barrio ya estaban laburando en la cosa y había muñecos con camiseta de Ñubel clavados con alfileres, maldiciones pedidas por teléfono y hasta mi vieja que no manya mucho del asunto tenía un pañuelo atado desde hacía como diez días, de ésos de “Pilato, Pilato, si no gana Central en River no te desato”. Después la vieja decía que habíamos ganado por ella, pobre vieja, si hubiera sabido lo del viejo Casale, pero yo le decía que sí para no desilusionarla a la vieja.

Pero todo el fato de la ruda macho y el sapo de atrás del arco eran, qué sé yo, cosas muy generales, ya había tipos que lo estaban haciendo y además, el partido era en el Monumental y no te vas a meter en la pista olímpica a enterrar un sapo porque vas en cana con treinta cadenas y no te saca ni Dios después, hermano. Entonces, me acuerdo que empezamos con la cosa de las cábalas personales. Porque me acuerdo que estábamos en el boliche de Pedro y veníamos hablando de eso. Entonces, por ejemplo, resolvimos que a Buenos Aires íbamos a ir en el auto del Dani porque era el auto con el que habíamos ido una vez a La Plata en un partido contra Estudiantes y que habíamos ganado dos a cero. Yo iba a llevar, por supuesto, el gorrito que venía llevando a la cancha todos los últimos partidos y no me había fallado nunca el gorrito. A ése lo iba a llevar, era un gorrito milagroso ése. El Coqui iba a ir con el reloj cambiando de lugar, o sea en la muñeca derecha y no en la izquierda, porque en un partido contra no sé quién se lo había cambiado en el medio tiempo porque íbamos perdiendo y con eso empatamos. o sea, todo el mundo repasó todas las cábalas posibles como para ir bien de bien y no dejar ningún detalle suelto. te digo más, estuvimos parados en la tribuna en el partido contra Atlanta para pararnos de la misma manera en el partido contra la lepra el boludo de michi decía que él había estado detrás del Valija y el Miguelito porfiaba que el que había estado detrás del Valija era él. Mirá vos, hasta eso estudiamos antes del partido, para que veas cómo venía la mano en esos días. ¿Y sabés qué te lleva a eso, hermano, sabés qué te lleva a eso? El cagazo, hermano, el cagazo, el cagazo te lleva a hacer cualquier cosa, como lo que hicimos con el viejo Casale.

Porque si llegábamos a perder, mamita querida, nos teníamos que ir de la ciudad, mi viejo, nos teníamos que refugiar en el extranjero, te juro, no podíamos volver nunca más acá. Íbamos a perecer esos refugiados camboyanos que se tomaron el piro en una balsa. Te juro que si perdíamos nosotros agarrábamos el “Ciudad de Rosario” y por acá, por el Paraná, nos teníamos que ir todos, millones de canallas, no sé, a Diamante, a Perú, a Cuzco, a la concha de su madre, pero acá no se iba a poder vivir nunca más con la cargada de los leprosos putos, mí viejo. Ya el Miguelito había dicho bien claro que él se la daba, que si perdíamos agarraba un bufo y se volaba la saviola y te digo que el

Miguelito es capaz de eso y mucho más porque es loco el Miguelito, así que había que creerle. O hacerse puto, no sé quién había comentado la posibilidad de hacerse trolo y a otra cosa mariposa, darle a las plumas y salir vestido de loca por Pellegrini y no volver nunca más a la casa. Pero, te digo, nadie quería ni siquiera sentir hablar de esa Posibilidad. Ni se nombraba la palabra “derrota”.

Era como cuando se habla del cáncer, hermano. Vos ves que por ahí te dicen “la papa”, o “tiene otra cosa”, “algo malo”, pero el cangrejo, mi viejo, no te lo nombra nadie. Y ahí fue cuando sale a relucir lo del viejo Casale. El viejo Casale era el viejo del Cabezón Casale, un pibe que siempre venía al boliche y que durante años vino a la cancha con nosotros pero que ya para ese entonces se había ido a vivir al norte, a Salta creo, lo vi hace poco por acá, que estaba de paso. Y ahí fue que nos acordamos de que un día, en la casa del Cabezón, el viejo había dicho que él nunca, pero nunca, lo había visto perder a Central contra Ñul. Me acuerdo que nos había impresionado porque ese tipo era un privilegiado del destino. Aunque al principio vos te preguntas, “¿Cómo carajo hizo este tipo pata no verlo perder nunca a Central contra Ñul? ¿Qué mierda hizo? Este coso no va nunca a la cancha”. Porque, oíme alguna vez lo tuviste que ver perder, a menos que no vayás a. los clásicos. Y ojo que yo conozco muchos así, que se borran bien borrados de los clásicos. O que van en Arroyito, pero que a la cancha del Parque no van en la puta vida. Y me acuerdo que le preguntarlos eso al viejo y el viejo nos dijo que no, y nos explicó. El iba siempre, un fana de Central que ni te cuento, pero se había dado, qué sé yo, una serie de casualidades que hicieron que en un montón de partidos con Ñul él no pudiera ir por un montón de causas que ni me acuerdo. Que estaba de viaje por Misiones — el viejo era comisionista — ; que ese día se había torcido un tobillo y no podía caminar, que estaba engripado, que le dolía un huevo, qué sé yo, en fin, la verdad, hermano — que el viejo la posta posta era que nunca le había tocado ver un partido en que la lepra nos hubiera roto el orto. Era un privilegiado el viejo y además, un talismán, querido, porque así como hay tipos mufa que te hacen perder partidos adonde vayan, hay otros que si vos los llevás es número puesto que tu equipo gana. No es joda. Y el viejo Casale era uno de éstos, de los ojetudos.

Entonces ahí nos dijimos “Este viejo tiene que estar en el Monumental contra Ñubel. No puede ser de otra forma. Tiene que estar”... Claro, dijimos, seguro que va a estar, si es fana de Central, canalla a muerte. Pero nos agarró como la duda viste? porque nosotros no era que lo veíamos todos los días al viejo, te digo más, desde que el Cabezón se había ido al norte a laburar, al viejo de él no lo habíamos vuelto a ver ni en la cancha, ni en la calle ni en ninguna parte. Además, el viejo ya estaba bastante veterano porque debía tener como ochenta pirulos por ese entonces. Bah, en realidad ochenta no, pero sus sesenta, sesenta y cinco años los tenía por debajo de las patas.

Entonces, con el Valija, el Colorado y el Miguelito decimos “vamos a la casa del viejo a asegurarnos que va y si no va lo llevamos atado”. Porque también podía ser que el viejo no fuera porque no tuviera guita, qué sé yo.

Nosotros ya habíamos pensado en hacer una rifa a beneficio, una kermesse, cualquier cosa. El viejo tenía que ir, era una bandera, un cheque al portador. La cuestión es que vamos a la casa y... ¿a qué no sabés con lo que nos sale el viejo? Que andaba mal del bobo y que el médico le había prohibido terminantemente ir a la cancha, mirá vos. Nos sale con eso. Que no. Que había tenido un infarto en no sé qué partido, en un partido de mierda después que una pelota pegó en un palo, que había estado muerto como media hora y lo habían salvado entre los indios con respiración artificial y masajes en el cuore, que no había clavado la guampa de puro pedo y que le había quedado tal cagazo que no había vuelto a ir a la cancha desde hacía ya, mirá lo que te digo, dos años.

¡Hacía dos años que no iba a la cancha el viejo ese! Y no era sólo que él no quería ir sino que el médico y, por supuesto, la familia, le tenían terminantemente prohibido ir, lógicamente. No sé si no le prohibían incluso escuchar los partidos por radio, no sé si no se lo prohibían, para que no le pateara el bobo, porque parece que el viejo escuchaba un pedo demasiado fuerte y se moría, tan jodido andaba. Vos le hacías ¡Uh! en la cara y el viejo partía. ¡Para qué! Te imaginás nosotros, la desesperación, porque eso era como un presagio, un anuncio del infierno, hermano, era un preanuncio de que nos iban a hacer cagar en Buenos Aires, mi viejo. Entonces empezamos a tratar de hacerle la croqueta al viejo, a convencerlo, a decirle “Pero mire, don Casale, usted tiene que estar, es una cita de honor. ¡Qué va a estar mal usted del cuore, si se lo ve cero kilómetro! Vamos, don Casale — me acuerdo que lo jodía Miguelito — ¿cuántos polvos se echa por día? usted está hecho un toro”. Pero el viejo, ni mierda, en la suya. Que no y que no.

Le decíamos que el partido iba a ser una joda, que Ñubel tenía un equipo de mierda y que ya a los quince minutos íbamos a estar tres a cero arriba, que el partido era una mera formalidad, que el gobierno ya había decidido que tenía que ganar Central para hacer feliz a mayor cantidad de gente. No sé, no sé la cantidad de boludeces que le dijimos al viejo para convencerlo. Pero el viejo nada, una piedra el hijo de puta. Para colmo ya habían empezado a rondar la mujer del viejo, madre del Cabezón, y una hermana del Cabezón, que querían saber qué carajo queríamos decirle nosotros al vicio en esa reunión, porque medio que ya se sospechaban que nosotros no íbamos para nada bueno. En resumen que el viejo nos dijo que no, que ni loco, que ni siquiera sabía si iba poder resistir la tensión de saber que se jugaba el partido, aun sin escucharlo. Porque el viejo los diarios los leía, tan boludo no era, y sabía cómo venía la mano, cómo era la cosa, cómo formaban los equipos, suplentes, historial, antecedentes, chaquetillas, color, todo.

Nos dijo más. “Ese día — nos dijo — bien temprano, antes de que empiecen a pasar los camiones y los ómnibus con la gente yendo para Buenos Aires, yo me voy a la quinta de un hermano mío que vive en Villa Diego”. No quería escuchar ni los bocinazos el viejo. “Me voy tempranito a lo de mi hermano, que a mi hermano le importa un sorete el fútbol, y me paso el día ahí, sin escuchar radio ni nada”. Porque el viejo decía y tenla razón, que si se quedaba en la casa, por más que se encerrara en un ropero, algo iba a oír, algún grito, algún gol, alguna cosa iba a oír, pobre desgraciado, y se iba a quedar ahí mismo seco en el lugar. Así que se iba a ir a radicar en la quinta de ese hermano que tenía, para borrarse del asunto.

Muy bien, muy bien. Te digo que salimos de allí hechos bosta porque veíamos que la cosa venía muy mal. Casi era ya un dato seguro como para decir que éramos boleta. Para colmo, al Valija, el día anterior le había caído una tía del campo y él se acordaba que, en un partido que perdimos con San Lorenzo, esa misma tía le había venido el día antes. Era un presagio funesto el de la tía.

Fue cuando decidimos lo del secuestro. Nos fuimos al boliche y esa noche lo charlamos muy seriamente. El Dani decía que no, que era una barbaridad, que el viejo se nos iba a morir en el viaje, o en la cancha, y después se iba a armar un quilombo que íbamos a terminar todos en cana y que, además, eso sería casi un asesinato. Pero al Dani mucha bola no le dimos porque ha sido siempre un exagerado y más que un exagerado, medio cagón el Dani. Pero nosotros estábamos bien decididos y más que nada por una cosa que dijo el Valija: el viejo estaba diez puntos. Había tenido un infarto, es cierto. Pero hay miles de tipos que han tenido un infarto y vos los ves caminando tranquilamente por la yeca y sin hacer tanto quilombo como este viejo pelotudo, con eso de meterse adentro de un ropero, o no ir a la cancha, o dejar que te rigoree la familia como la esposa y la otra, la hermana del Cabezón. Por otra parte, y vos lo sabés, los médicos son unos turros pero unos turros que se ve que lo querían hacer durar al viejo mil años para sacarle guita, hacerle experimentos y chuparle la sangre. Y además, como decía el Miguelito y eso era cierto, vos lo veías al viejo y estaba fenómeno. Con casi sesenta años no te digo que parecía un pendejo pero andaba lo más bien. Caminaba, hablaba, se sentaba, qué sé yo, se movía. ¡Chupaba! Porque a nosotros nos convidó con Cinzano y el viejo se mandó su medidita, no te digo un vasazo pero su medidita se mandó. La cosa es que el Miguelito elaboró una teoría que te digo, aún hoy, no me parece descabellada. ¡El viejo era un curro, hermano! Un turrazo que especulaba con el fato del bobo para pasarla bien y no laburarla nunca más en la vida de Dios. Con el sovér del bobo no ponía el lomo, lo atendían a cuerpo de rey y — la tenía a la vieja y a la hermana del Cabezón pendientes de él — viviendo como un bacán, el viejo. Y... ¿de qué se privaba? De algún faso; que no sé si no fasearía escondido; y de no ir a — la cancha. Fijate vos, eso era todo. Y vivía como Carolina de Mónaco el otario. Bueno, con ese argumento y lo que dijo el Colorado se resolvió todo.

El Colorado nos habló de los grandes ideales, de nuestra misión frente a la sociedad, de nuestro deber frente a las generaciones posteriores, los pendejos. Nos dijo que si ese partido se perdía, miles y miles de pendejos iban a sufrir las consecuencias. Que, para nosotros y eso era verdad, iba a ser muy duro, pero que nosotros ya estábamos jugados, que habíamos tenido lo nuestro y que, de últimas, teníamos experiencias en malos ratos y fulerías. Pero los pibes, los pendejitos de Central, ésos, iban a tener de por vida una marca en sus vidas que los iba a marcar para siempre, como un fierro caliente. Que las cargadas que iban a recibir esos pibes, esas criaturas, en la escuela, los iban a destrozar, les iban a pudrir el bocho para siempre, iban a ser una o dos generaciones de tipos hechos bolsa, disminuidos ante los leprosos, temerosos de salir a la calle o mostrarse en público. Y eso es verdad, hermano, porque yo me acuerdo lo que eran las cargadas en la escuela primaria, sobre todo.

Yo me acuerdo cuándo perdimos cinco a tres con la lepra en el Parque después de ir ganando dos a cero, cuando se vendió el Colorado Bertoldi, que todavía se estará gastando la guita, y te juro que yo por una semana no me pude levantar de la cama porque no me atrevía a ir a la escuela para no bancarme la cargada de los lepra. Los pibes son muy hijos de puta para la cargada, son muy crueles. ¿No viste cómo descuartizan bichos, que agarran una langosta y le sacan todas las patas? Son unos hijos de puta los pibes en ese sentido. Y lo que decía el Colorado era verdad. Ahora todo el mundo habla de la deuda externa, y bueno, hermano, eso era algo así como lo de la deuda externa, que por la cagada de cuatro reverendos hijos de puta que empeñaron el país, la tenemos que pagar todos y los hijos y los hijos de nuestros hijos. Y si estaba en nosotros hacer algo para que eso no pasara, había que hacerlo, mi querido. Además, como decía el Colorado, ya no era el problema de la cargada de los pendejos futbolistas, está también el fato del exitismo. Los pibes ven que gana un equipo y se hacen hinchas de ese equipo, son así, casquivanos. Son hinchas del campeón. Entonces, ponele que hubiese ganado Ñubel y... ¡a la mierda! ... de ahí en más todos los pibes se hacían de Ñubel, ponele la firma. Y no te vale de nada llevarlos a la cancha, conversarlos, hablarles del Gitano Juárez o el Flaco Menotti, ni comprarles la camiseta de Central apenas nacen. No te vale de nada. Los pendejos ven que sale River campeón y son de River. Son así. Y en ese momento no era como ahora que, mal que mal, vos los llevás al Gigante y los pibes se caen de culo. Entonces, cuando van al chiquero del Parque, por mejor equipo que pueda tener Ñul, los pibes piensan “Yo no puedo ser hincha de esta villa miseria” y se hacen de Central. Porque todo entra por los ojos y vos ves que ahora los pibes por ahí ni siquiera han visto jugar a Central o a Ñul y ya se hacen hinchas de Central por el estadio. Es otra época, los pendejos son más materialistas, yo no sé si es la televisión o qué, pero la cosa es que se van de boca con los edificios.

Entonces la cosa estaba clara, había que secuestrar al viejo Casale, o sino aguantarse que quince, veinte años depués, hoy por ejemplo, la ciudad estuviese llena de lepra sos nacidos después de ese partido, y esto hoy ¿sabés lo que sería? Beirut sería un poroto al lado de esto, hermano te juro.

El que organizó la “Operación Eichmann”, como lo llamamos, fue el Colorado. La llamamos así por ese general aleman, el torturador, que se chorearon de acá una vez los judíos ¿viste? y lo nuestro era más o menos lo mismo. El Colorado es un tipo muy cerebral, que le carbura muy bien el bocho y él organizó todo. El Colorado ya no estaba par ese entonces en la O.C.A.L.. La O.C.A.L., no sé si sabés es una organización de acá, de Rosario, que se llama así porque son iniciales, O.C.A.L “Organización Canalla Anti Lepra”. Son un grupo de ñatos como el Ku-Klux-Klan, más o menos, que se reúnen en reuniones secretas y no sé si no van con capucha y todo a las reuniones, o si queman algún leproso vivo en cada reunión. Mirá yo no sé si es requisito indispensable ser hincha de Central, pero seguro seguro, lo que tenés que hacer es odiar a los lepra. Tenés que odiar más a los lepra que lo que querés a Central.

Hacen reuniones, escriben el libro de actas, piensar maldades contra los lepra, festejan fechas patrias de partidos que les hemos ganado, tienen himnos, son como esos tipos los masones esos, que nadie sabe quiénes son. Andan con antorchas. Bueno, de la O.C.A.L., de la O.C.A.L. al Colorado lo echaron por fanático, con eso te digo todo pero es un bocho el Colorado y él fue el que organizó todo el operativo.

Y te la cuento porque es linda, te la cuento porque es linda, no sé si un día de estos no aparece en el “Selecciones” y todo. Averiguamos qué ómnibus iba para Villa Diego, adonde tenía la quinta el hermano del viejo Casale. Desde donde vivía el viejo, ahí por San Juan al mil cuatro cientos, lo único que lo dejaba en ese entonces, si mal no recuerdo, era el 305 que pasaba por la calle San Luis. O sea que el viejo tenía que tomarlo en San Luis-Paraguay o San Luis-Corrientes, no más allá de eso a menos que fuera muy pelotudo y lo fuera a tomar a Bulevar Oroño que no sé para qué mierda iba a hacer eso. Ahora, la duda era si el viejo se iba a ir en ómnibus o en auto, porque si se iba en auto nos recagaba, pero nos jugábamos a que se iba a ir en ómnibus porque auto no tenía y seguro que el hermano tampoco tenía porque debía ser un muerto de hambre como él, seguramente. Y te digo que la cosa venía perfecta, porque el viejo nos había dicho que iba a salir bien temprano para no infartarse con las bocinas o sea que nosotros podíamos combinarlo con el horario de salida nuestra para el partido. Porque también nos cagaba si salía a la una de la tarde para Villa Diego porque después ¿cómo llegábamos nosotros a Buenos Aires para la hora del partido con el quilombo que era la ruta y en un ómnibus de línea? Lo más probable es que nos hiciéramos pelota en el camino por ir a los pedos. Y por otra parte, hermano, Villa Diego queda saliendo para Buenos Aires o sea que la cosa estaba clavada, era posta posta.

Después hubo que hablar con los otros muchachos, porque convencer al Rulo no nos costó nada, a él le daba lo mismo y, además, le contamos los entretelones del asunto. Te digo que el Colora manejó la cosa como un capo, un maestro. El asunto era así, el Rulo es un fana amigo de Central que tiene un par de ómnibus, está muy bien el Rulo. Y en esa época tenía un par de coches en la línea 305. Fue un ojete así de grande, porque si no teníamos que conseguir otro coche, cambiarle el color, pintarlo, qué sé yo, ponerle el número, un laburo bárbaro. Pero el Rulo tenía dos 305 y con uno de ésos ya tenía pensado pirarse para el Monumental el día del partido y más bien que se llevaba como mil monos que también iban para allá. Lo sacaba de servicio y que se fueran todos a la reputísima madre que los parió, no iba a perderse el partido ese.

Entonces, el Rulo, con los monos arriba Y nosotros, tenía que estar con el ómnibus preparado, el motor en marcha, por España, estacionado. Y el Miguelito se ponía de guardia, tomando un café, justo en un boliche de ahí cerca desde donde veían la puerta de la casa del viejo Casale. Creo que a las cinco, nomás, de la matina, ya estaba el Miguelito apostado en el boliche haciéndose el boludo y junando para la casa del viejo. Te juro que ni los tupamaros hubieran hecho un operativo como ése, hermano. Fue una maravilla.

Apenas vio que salía el viejo con una canastita donde seguro se llevaba algún matambre casero, algo de eso, el pobre viejo, el Miguelito cazó una Vespa que tenía en ese entonces, dio la vuelta a la manzana y nos avisó. Cargó la moto en el ómnibus, en la parte de atrás, detrás de los últimos asientos y nos pusimos en marcha.

Ya les habíamos dicho a tres o cuatro pendejos, de esos quilomberos de la barra, que se hicieran bien los sotas, que no dijeran ni media palabra y se hicieran los que apoliyaban. Nosotros también, para que no nos reconociera el viejo, estábamos en los asientos traseros, haciéndonos los dormido, incluso con la cara tapada con algún pullover, como si nos jodiera la luz, o con algún piloto.

Te digo que el día había amanecido frío y lluvioso, como la otra fecha patria, el 25 de Mayo. Además, el quilombo había sido guardar y esconder todas las banderas, las cornetas, las bolsas con papelitos, los termos, todo eso. Uno de los muchachos llevaba una bandera de la gran puta que medía 52 metros ¡52 metros, loco! Media cuadra de bandera que decía “Empalme Graneros presente” y tuvimos que meterla debajo de un asiento para que el. viejardo no la vichara.

La cosa es que el viejo subió medio dormido y se sentó en uno de los asientos de adelante que ya habíamos dejado libre a propósito para que no viera mucho del ómnibus. Rulo le cobró boleto y todo. Y nadie se hablaba como si no nos conociéramos. Y como el ómnibus iba haciendo el recorrido normal, el viejo iba lo más piola, mirando por la ventanilla. La cuestión es que llegamos a Villa Diego y el viejo tranquilo. Cada tanto, cuando nos pasaba algún auto con banderas en el techo, tocando bocina, el viejo miraba a los que tenía cerca y movía la cabeza como diciendo “¡Mirá vos!”.

Se ve que tenía unas ganas de hablar pero nadie quería darle mucha bola para no pisarse en una de ésas. Así que nos hacíamos todos los dormidos. Parecía que habían tirado un gas adentro de ese ómnibus hermano. Como cuando se muere algún ñato ¿viste? que se queda a apoliyar en el auto con el motor prendido y lo hace cagar el monóxido de carbono, creo. Bueno, así parecía que a nosotros nos había agarrado el monóxido de carbono. Pero, cuando llegamos a Villa Diego, por ahí el viejo se levanta y le dice al Rulo “En la esquina, jefe.”. Y yo no sé qué le dijo el Rulo, algo de que ahí no se podía parar, que estaba cerrado el tráfico, que había que seguir un poco más adelante y el viejo se la comió, pero se quedó paradito al lado de la puerta. Al rato, por supuesto, de nuevo el viejo, “En la esquina”. Ahí ya el Rulo nos miró, porque se le habían acabado los versos. Y ahí, hermano... ¡vos no sabés lo que fue eso! Fue como si nos hubiésemos puesto todos de acuerdo y te juro que ni siquiera lo habíamos hablado. Empezaron los muchachos a desplegar las banderas, a sacar las cornetas y las banderas por la ventana, y a los gritos, hermano, “¡Soy canalla, soy canalla!” por las ventanas.

Pero no para el lado del viejo, el pobre viejo, que la cara que puso no te la puedo describir con palabras, sino para afuera, porque los grones, con lo quilomberos que son, se habían ido aguantando hasta ahí sin gritar ni armar quilombo para no deschavarse con el viejo, pero cuando llegó el momento agarraron las banderas, empezaron a sacar los brazos y golpear las chapas del costado del ómnibus y también el Rulo empezó a seguir el ritmo con la bocina.

¿Viste esas películas de cowboy, cuando los choros van a asaltar una carreta donde parece que no hay nadie, o que la maneja nada más que un par de jovatos y de golpe se abren los costados y aparecen 17.000 soldados que los cagan a tiros? ¿Que levantan la lona y estaban todos adentro haciéndose los sotas? Bueno, ese ómnibus debió ser algo así. De golpe se transformó en un quilombo, un escándalo, una de gritos, de bocinazos, cornetas, una joda. ¡Y la gente al lado de la ruta! Porque desde la madrugada ya había gente a los costados de la ruta esperando que pasaran las caravanas de hinchas. Era para llorar, eso, conmovedor, te saludaban, gritaban, levantaban los puños, por ahí algún lepra, a las perdidas, te tiraba un cascotazo. Pero vuelvo al viejo, el viejo, no sabés la caripela que puso. Porque nosotros lo estábamos mirando porque decíamos: éste es el momento crucial. Ahí el viejo o cagaba la fruta, el corazón se le hacía bosta, o salía adelante. El viejo miraba para atrás, a todos los monos que saltaban y cantaban y no lo podía creer. Se volvió a sentar y creo que hasta San Nicolás no volvió a articular palabra. Te digo que el Rábano, el hijo de la Nancy ya se había ofrecido a hacerle respiración boca a boca llegado el caso, que era algo a lo que todos, mal que mal, le habíamos esquivado el bulto porque, qué sé yo, te da un poco de asco, además con un viejo.

Pero mirá, te la hago corta. Mirá, cuando el viejo ya vio que no había arreglo, que no había posibilidad de que lo dejáramos bajar del ómnibus, se entregó, pero se entregó entregó. Porque, al principio, nosotros nos acercamos y nos reputeó, nos dijo que éramos unos irresponsables, unos asesinos, que no teníamos conciencia, que era una, vergüenza, qué sé yo todo lo que nos dijo. Pero después, cuando nosotros le dijimos que él estaba perfecto, que estaba hecho un toro, que si se había bancado la sorpresa del ómnibus quería decir que ese cuore se podía bancar cualquier cosa, empezó a tranquilizarse. El Colorado llegó a decirle que todo era una maniobra nuestra para demostrarle que él estaba perfectamente sano y que incluso el médico estaba implicado en la cosa.

Mirá hermano, y creéme porque es la pura verdad ¿qué intención puedo tener en mentirte, hoy por hoy? mucho antes ya de entrar en Buenos Aires ese viejo era el más feliz de los mortales, te lo digo yo y te lo juro por la salud de mis lujos. El viejo cantaba, puteaba, chupaba mate, comía facturas, gritaba por la ventana y a la cancha se bajó envuelto en una bandera. No había, en la hinchada, un tipo más feliz que él. Vino con nosotros a la popu y se bancó toda la espera del partido, que fue más larga que la puta que lo parió y después se bancó el partido. Estaba verde, eso si, y había momentos en que parecía que vos lo pinchabas con un alfiler y reventaba como un sapo, porque yo lo relojeaba a cada momento. Y después del gol del Aldo, yo lo busqué, lo busqué porque fue tal el quilombo y el desparramo cuando el Aldo la mandó adentro que yo ni sé por dónde fuimos a caer entre las avalanchas y los abrazos y los desmayos y esas cosas. Pero después miré para el lado del viejo y lo vi abrazado a un grandote en musculoso casi trepado arriba del grandote, llorando. Y ahí me dije: si éste no se murió aquí, no se muere más. Es inmortal. Y después ni me acordé más del viejo, que lo que alambramos, lo que cortamos clavos, los fierros que cortamos con el upite, hermano, ni te la cuento. Eso no se puede relatar, hermano, porque rezábamos, nos dábamos vueltas, había gente que se sentaba entre todo ese quilombo porque no quería ni mirar. Porque nos cagaron a pelotazos, ya el segundo tiempo era una cosa que la tenían siempre ellos y ¿sabés qué era lo fulero, lo terrible? ¡Qué si nos empataban nos ganaban, hermano, porque ésa es la justa! ¡Nos ganaban esos hijos de puta! ¡Nos empataban, íbamos a un suplementario y ahí nos iban a hacer refocilar el orto porque estaban más enteros y se venían como un malón los guachos! ¡Qué manera de alambrar! Decí que ese día, Dios querido, yo no sé que tenía el flaco Menutti que sacó cualquier cosa, sacó todo, vos no quieras creer lo que sacó ese día ese flaco enclenque que parecía que se rompía a pedazos en cada centro. Le sacó un cabezazo de pique al suelo a Silva que lo vimos todos adentro, hermano, que era para ir todos en procesión y besarle el culo al flaco ése ¡qué pelota le sacó a Silva! Ahí nos infartamos todos, faltaban cinco minutos y si nos empataban, te repito, éramos boleta en el suplementario. Me acuerdo que miro para atrás y lo veo al viejo, blanco, pálido, con los ojos desencajados, pobrecito, pero vivo.

Y ahora yo te digo, te digo y me gustaría que me contesten todos esos que ahora dicen que fue una hijaputez lo que hicimos con el viejo Casale ese día. Me gustaría que alguno de esos turritos me contestara si alguno de ellos lo vio como lo vi yo al viejo Casale cuando el referí dio por terminado el partido, hermano. Que alguno me diga si, de puta casualidad, lo vio al viejo Casale como lo vi yo cuando el referí dio por terminado el partido y la cancha era un infierno que no se puede describir en palabras. Te digo que me gustaría que alguien me diga si alguien lo vio como lo vi yo. ¡La cara de felicidad de ese viejo, hermano, la locura de alegría en la cara de ese viejo! ¡Que alguien me diga si lo vio llorar abrazado a todos como lo vi llorar yo a ese viejo, que te puedo asegurar que ese día fue para ese viejo el día más feliz de su vida, pero lejos lejos el día más feliz de su vida, porque te juro que la alegría que tenía ese viejo era algo impresionante! Y cuando lo vi caerse al suelo como fulminado por un rayo, porque quedó seco el pobre viejo, un poco que todos pensamos; “¡qué importa!” ¡Qué más quería que morir así ese hombre! ¡Esa es la manera de morir para un canalla! ¿Iba a seguir viviendo? ¿Para qué? ¿Para vivir dos o tres años rasposos más, así como estaba viviendo, adentro de un ropero, basureado por la esposa y toda la familia? ¡Más vale morirse así, hermano! Se murió saltando, feliz, abrazado a los muchachos, al aire libre, con la alegría de haberle roto el orto a la lepra por el resto de los siglos! ¡Así se tenía que morir, que hasta lo envidio, hermano, te juro, lo envidio! ¡Porque si uno pudiera elegir la manera de morir, yo elijo ésa, hermano! Yo elijo ésa.


PD: Yo también Negro, yo también elijo esa. (El angel Gris)

jueves, 19 de julio de 2007

No me importa nada...

No me importa nada, no me importa nada,
no me importa nada, no me importa naaa...

No me importa nada, no me importa naaa...,
no me importa nada, yo solo quiero ver a Central

Centraaaaaaaal, Centraaaaaaal, Centraaaaaaal

miércoles, 18 de julio de 2007

Día del Amigo


Por favor; no cometa la vulgaridad de desearme feliz día el 20 próximo.

Gracias


(Extensivo al mail, teléfono, etc. etc.)

jueves, 12 de julio de 2007

Gente que si, gente que no.



Gente que si: Hugo Chávez, Joseph Ratzinger, El Chavo del 8, Guillermo Cherasny, Clint Eastwood, Juan Domingo Perón, José López Rega, Peter Capusotto, Carlos Salvador Bilardo, Astor Piazolla, Carlos Menem, Abdalá Bucaram, Idi Amín Dadá, Hugo Gatti, José María Gatica, Domingo Faustino Sarmiento, Juan Manuel Fangio, Alex de la Iglesia, Brancaleone da Norcia, Jorge Luis Borges, Isaac Rojas, Jorge Asís, Yasunari Kawabata, Agustín Alvarez, Julio Cortazar, Antonio Di Benedetto, Charly Garcia, Jorge Rial, Chiche Geblung, Tim Burton, Luis Farinello, Raúl Castells, Jorge Telerman, Hebe de Bonafini, Diego Maradona.


Gente que no: Néstor Kirchner, Pablo Neruda, Elisa Carrió, Gastón Pauls, Mario Pergolini, Raúl Ricardo Alfonsín, Juan Carlos Alderete, Evita Perón, Julio Cobos, Luis Majul, Gabriel García Márquez, Luis Alberto Spinetta, Juan Manuel de Rosas, Leonardo Favio, Osvaldo Lamborghini, Pedro Amodovar, Estela de Carloto, Ernesto Sábato, Felipe Pigna, Román Riquelme, Fito Paez, Florencia de la V, Gerardo Sofovich, Mona Moncalvillo, Horacio Verbitsky, Mirta Legrand, Evo morales, Alberto Fernández, Anibal Fernández, Mauricio Macri, Daniel Filmus, Fidel Castro, Cesar Luis Menotti, Federico Andahazi, Ernesto “Che” Guevara.

Actualizando: Luego de largo debate con Bernardo y Torombolo, mientras hacía un chivatito a las brasas y tomabamos White Horse, agrego estos dos, en gente que si, realmente es imperdonable haberlos olvidado.

Gente que si: Ringo Bonavena, Ramón Diaz.

jueves, 5 de julio de 2007

Entonces, solo entonces...


Si has luchado con fuerza por un ideal.

Si has honrado con cariño a tus padres.

Si has amado con ternura a tus hijos.

Si has compartido tus alegrías y tristezas con amigos.

Si has sentido con pasión un amor.

Si has gritado un gol de la Lepra,
.
uno... cualquiera.

Entonces, solo entonces,

puedes declarar:

HE VIVIDO



Hoy 7 de junio del 2007 independiente rivadavia, salió campeón del argentino "A" y ascendió al Nacional "B", en un partido épico, que quedará en la memoria del pueblo leproso por generaciones.

viernes, 29 de junio de 2007

Una denuncia policial del año 1909

Diganmé lo que quieran, pero esto es altísima literatura.


(Este documento del cual se realiza la transcripción textual, fue encontrado en el Archivo de una Jefatura Policial del Norte de la Provincia de Santa fé por el Dr. José R. Bergallo, quien la publicó en su libro “Cuentos del Juzgado. Retrato del norte santafesino.” en 1943 (Ediciones Anaconda). Posteriormente la publicó la editorial La Ley en 1982. Tambien supo ser publicada en La Balanza, Mendoza
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Carátula: Denuncia de Angelina Soleres contra Bonifacio Estrella acusándolo de haber abusado de ella y sus hijas.

El día de hoy, quinse de Enero de mil nuevesientos nueve, se presenta ante mí MARCOS ANDRADE, comisario de policía de Las Flores, una mujer que dijo venía a levantar una denuncia; y la que respondiendo a las preguntas que le hise, contestó llamarse ANGELINA SOLERES, viuda (No se sabe de quién), santiagueña, de traintaiocho años de edá, quién vive en una casa blanqueada de verde que ay del otro lado de la Estación, en el camino que va al matadero. Después de eso le pase la palabra a ella y dijo: Que la primera vez, se casó con Francisco Carreño, de quien tubo dos hijas, la Micaila y la Dolores, de diesiocho y quinse años cadauna; que eran muy felises, pero que un dia él se fué a trabajar a las cosechas, y como estubo cuatro años sin volver a las casas, ni dar señales de vida, ella creyéndolo muerto, se volvió a casar con Casimiro Reyes, de quien tubo otos tres hijos más. Que no sabe porque causas Reyes también la abandonó hase ya mucho tiempo, y como no está segura si sus dos maridos son muertos o no, es que no sabe de cual de ellos es viuda. Que hase un año, se conoció con Bonifacio Estrella, loguista del tren quien quiso casarse enseguida con ella, pero la dicente, de miedo a que le pasara lo mismo que con los otros dos maridos, no le dió el sí y sólo acetó vivir arrimada con él, pero guardándole el rispeto como si se tratara de un esposo dendeveras. Que Estrella se portó bien al principio, era cariñoso con sus hijos y corría con todos los gastos de la casa. Pero muy pronto la dicente se dió cuenta que entre él y su hija la Micáela algo abía, y no estudo desacertada, porque cuando aclaró las cosas resultó que ya su hija estaba gruesa de tres meses, y que el seductor era su propio marido. Que por supuesto, ubo un gran barullo entre ellos, pero como ya se abian acostumbrado a vivir todos juntos, arreglaron las cosas de modo, que Estrella siguiera viviendo en la casa, pero como marido de la Micáila ¡con la dicente, ni ablarce! Claro que ella sentía perder un marido joven y con empleo, como Estrella, pero después de lo que abía pasáo. ¡qué más iba acer!. Que la dicente le entregó a la pareja su cama de matrimonio. y ella se fué a dormir al catre que antes usaba la Micáila. Que las cosas siguieron bien un tiempo no más, porque el cartero Fructuoso Gomes, al verla libre a la dicente, empezó a festejarla, pero al enterarse Estrella de esos amores, le proivió a Gomes que llegara a las casas, alegando que mientras él sostuviera a la familia, él mandava. Que la dicente reconoce que Estrella tiene razón en parte, pero que ella también la tiene porque ya que él la dejó por su hija, no puede proivile que ella busque la felicidad al lao de otro ombre. Que a pesar de sus protestas Estrella se impuso y la dicente le iso caso, porque comprendìa que a pesar de sus caprichos, el ombre no es malo del todo. Que cuando despué de tantas desilusiones, ella pensaba rinunciar a los ombres, buscando la felicidá que le falta en el nieto que la Micáila está por darle, resulta que Estrella se le manda mudar de la casa llevándose la otra hija –la Dolores- de quinse años de edá y que de yapa es medio sonsa, porque sino no se esplica como puede aberse ido con un hombre así. Que si la dicente stuviera en otras condiciones, no pediría nada, pero que se ve obligada a dar ese paso teniendo en cuenta que depué de lo ocurrido es muy dificil encontrar otro ombre que se quiera acer cargo de la familia. Que por eso presenta esta denuncia, pidiendo a la autoridá que le hagan justicia, obligándolo al Estrella a volver a la casa, y a que se case con cualquiera de sus hijas, así se siente mas obligado a cumplir sus compromisos. Y que si él no quiere casarse con las muchachas, la dicente a pesar del resentemiento que le guarda, todavía está dispuesta a sacrificarse, casándose con él, nada mas que pa salvar el buen nombre de a familia. Oido todo lo que ha dicho, di por terminada la denuncia, firmando la dicente conmigo y los testigos Don Frilán Sombra, mas conocido por el rengo Sombra y el peluquero Vitorio Abalos, vecino de esta comisaría y ombre de toda mi confianza. Firmado Angelina Soleres-Marcos Andrade-Vitorio Abalos-Froilán Sombra.

Nuembrase al sargente Feliciano Troncoso para que pida prestados un par de caballos y en cuanto pueda salga atrá de la pareja y la agarre ande la alle. Firmado Marcos Andrade.

Las Flores, vainticinco de Enero de mil nuevecientonueve. Abiendo vuelto el sargento Troncoso, trayendo presa a la pareja que se disparó, resuelvo qe se presienten a mi presencia enseguida pa tomarles diclaración. Firmado Marcos Andrade
Un rato mas tarde la ago trair ami escritorio a la menor Dolores Carreño que está detenida por aberse mandado a mudar con el marido de su hermana, y la que abiendo prometido que contaría todo lo que a susedido, empese por preguntarle cuantos años tenía y las demás cosas que se le preguntan a las personas que cáin presas, contestando: llamarse como ya lo dijo al emprinsipiar, hija de su madre doña Angelina Soleres, santiagueña tambièn como toda la familia, no tiene mas que quinse años, y no sabe escribir cartas ni leerlas. El suscrito cree en su obligaciòn dejar constancia, que la muchacha está bien desarroyada, y que a pesar de la edá que confiesa, ya es una mujercita y buena. Preguntada: para que diga si sabe por que a cáido presa, contesta que sabe que la an tomao por aberse fugado con Bonifacio Estrella. Preguntada: para que cuente todo lo que aya pasao, contesta: que ella lo quiso a Estrella desde que lo conosió, y que el le correspondió enseguida, pero como ella era algo chica todavía, y él tenìa compromisos con su madre y con su hermana Micáila, resolvieron esperar, que hace una semana se pusieron de acuerdo porfin y se dispararon juntos: Que en esa semana Estrella la ha provado como mujer y está muy conforme con ella y que sinó le quieren creer se lo pregunten a él. Preguntada: para que diga si está arrepentida o no de mal paso que ha dao, contesta: que no se arripiente de nada, que Estrella ya ha cumplido bien con su madre y con su hermana y bastante que a devido esperar, mientras él las atendía a ellas antes que a la dicente y que lo justo es que aura se lo dejen a ella siquiera por un tiempo para que él pueda conoserla mejor y que después elija con quien quiere quedarse, que su madre a echo esta denuncia sólo por envidia y que no quiere desir otras cosas peores pa que la gente no able. Ante la repentina salida de la muchacha termino con ella y firmamos los dos con los mismos testigos que usé la primera vez. Firmado Dolores Carreño-Marcos Andrade-Froilá Sombre-Vitorio Abalos.

Despué lo ago pasar al acusado que fué tomado preso junto con la mujer que se abía disparao con él y como el ombre me promete decir la verdá de todo, emprincipié por preguntarle quien era, contestándome en presencia mía y del sargento Troncoso, que no me dejará mentir: llamarse BONIFACIO ESTRELLA, santafesino como de veinticinco años, casado, bien parecido y bien empleado del ferrocarril, sabe que lo emos agarrao por lo que ha hecho y se pone a disposición de esta autoridá. Preguntado: para que cuente como han pasado las cosas, contesta: que lo unico que ha echo es fugarse con la Dolores porque la quiere y ella le corresponde. Preguntado: cuantos dias a vivido con la menor, contesta que seis. Preguntado: si de noche dormían juntos, contesta que por supesto y que de no, pa que se iba a disparar con ella. Preguntado si antes vivía con la Micáila Carreño contesta que es verdá que ella está por tener un hijo del dicente, y que él la quiere mucho también porque la muchacha es buena y no se abría animado a meterlo en este enrriedo sino que es la madre la que a echo todo este barullo, enojada porque al principio el dicente vivía con ella y despué la dejó. Preguntado por qué causas la dejó, contesta: que porque las hijas eran mejores que la madre. Preguntado: si le ha dado palabra de casamiento a alguna de ellas contesta que no, porque el dicente ya está casado con Raimunda Bustos, pero que si su mujer se muere pronto, como tiene la esperansa, porque la pobre hace mucho tiempo que está enferma, entonses talvé pueda cumplir con la Dolores o con la Micáila aunque sea pero ¿con la vieja? ¡nunca! Preguntado: Si su esposa conosía sus relaciones con las Carreños contesta: que sabìa todo, pero que como el dicente cumple con sus obligaciones de esposo y no tiene ningún vicio, antes que ande chupando o jugando en los boliches, su mujer le permite que tenga estas distrasiones afuera de la casa, pues como es una mujer sensata, comprende que estando ella siempre enferma. Y siendo el dicente un ombre joven y sano, tiene que tener sus tentasiones. Preguntado: si no se le a olvidao desir alguna otra cosa contesta: que quiere desir ante la autoridá que no se siente culpable de nada, ya que si bien reconoce que ha echo vida marital con la Angelina Soleres y sus dos hijas, también es cierto que el sostenìa a toda la familia con su trabajo, y entonses lo justo era que ellas le pagaran de alguna forma el servicio que les acía. Y como ya se ha hecho tarde y no tenemos velas en la Comisaría, terminamos con esta otra diclaración; firmando los tres con el sargento porque los testigos que usamos siempre nos an pedido que los dejemos descansar por esta vuelta y les emos dao con el gusto. Firmado Bonifacio Estrella-Marcos Andrade-Feliciano Troncoso.


Las Flores veintiuno de enero de mil nuevecientonueve. Paresiendole al suscrito que la menor Dolores Carreño se ha disparao por su gusto con su sedutor Bonifacio Estrella y que entre ellos se quieren resuelvo largarlos a los dos, ya que viviendo junos no an hecho mal a nadie, pues hay que tener en cuenta que aunque él sea casado, su mujer es enferma y no le sirva pa nada. Pero para que mi concencia quede tranquila voy a mandarle el sumario al mismo Jefe de Policía del Departamento, para que él lo revise y diga si esta bien o no lo echo por mi. Firmado: Marcos Andrade. Las Flores, vaintidos de Enero de mil nuevecientonueve.


Señor Jefe de Policía, Don Liberato Monjes. Mercedes

Querido compadre:
Con el cartero Gómez que va pa Mercedes a comprar ropa y acerse retratar antes de casarse, te mando la denuncia que a levantao en esta Comisaría doña Angelina Soleres, viuda no se sabe de quien, contra Bonifacio Estrella, un buen muchacho que a sido marido de la denunciante y de sus dos hijas la Dolores y la Micáila, pa que revisés el sumario y me digas con toda confianza si esta mal o bien lo que el suscrito a resolvido por su cuenta. Como parece que al tal Estrella le gusta mas la Dolores, que es la mejor de las tres, yo los e dejado en libertá a los dos, porque me parece que nosotros, que alguna ves tambien fuimos potros, no tenemos derecho a estropear la felicidá de naides. Vos aras lo que te paresca, porque pa eso sos el Jefe, pero mirá: pa mi que la vieja a echo la denunsia por despecho no más, después que el mozo la cambió por las hijas. Y por eso me parece que si los dejamos en libertá se an de volver a arreglarse entre ellos otra vez. Es cierto que él a sido marido de todas, pero pensá tamien que el ombre les daba de comer, y no era justo que las tres comieron a su costilla y de arriba no má. Total: que si lo metemos preso a él, ellas se van a acomodar con el primer prójimo qe se arrime a pararles la olla y entonces, antes que anden cambiando de monta, me parece que lo mejor es dejar las cosas como están, así ellas siguen viviendo con Estrella no más. ¿Qué decís vos? Escribime. Tu compadre. Firmado: Marcos Andrade, Comisario de Las Flores.


Jefatura de Policía Mercedes, Enero venticuatro de mil nuevecientosnueve. Por recivido. Pase a resolución del Señor Jefe de Policía. Firmado: Ambrosio Pintos. Encargado de la Mesa de Entradas.


Mercedes, Enero veintiséis de mil novecientos nueve. Yvisto: El sumario instruido por denuncia de Angelina Soleres, acusando a Bonifacio Estrella de haber abusado de ella y de sus dos hijas, y Considerando: Que tanto la denunciante como sus hijas, son tres las mujeres en estado de merecer, las que ya deben saber lo que les conviene, puesto que han vivido muy a gusto con el acusado, mientras él les daba de comer, y sólo se quejan ahora cuando él, cansado de sostener la familia, abandona a dos para quedarse con una sola, lo que me parece muy bien hecho, puesto que a según como se mire el asunto, el abuso es mas de ellas que de él. RESUELVO: Aprovar el proceder del Comisario de Las Flores, don Marcos Andrade, y disponer el archivo de esas actuaciones. A ruego del Señor Jefe de Policía, Don Liberato Monjes por no saber hacerlo. Firmado: Emilio Sánchez, Secretario y Comisario de órdenes.

viernes, 8 de junio de 2007

Quiera el buen Dios !!!!!

Hay un grupo de putos, literal y metafóricamente, que han decidido juntarse a chupar y reirse en mi ausencia. Lo han de hacer el próximo Viernes en esa Ciudad del Orto llamada Buenos Aires.


Quiera el buen Dios:


Que ese día llueva mucho, la Ciudad del Orto cuando llueve se hunde.

Que corra mucho viento.

Que finalmente les caiga un avión sobre la cabeza, La ciudad del Orto no tiene radares.

Que Xtian cope la parada, saque chapa de macho (?) y vaya con un matafuegos, para apagarles los puchos

Que Pegaso organice un grupo de trololones fundamentalistas de la verdad internética, que se animen a ir a la Ciudad del Orto y cometan un atentado.

Que la Daee se ennovie el día antes y se los cuente ahí mismito, a todos los que alimentan febriles fantasías, que una dama seria (?) jamás les cumplirá.

Que resucite Lechuga Carnívora y se arrime también a la Ciudad del Orto.

Que salgan todos los piqueteros, la Ciudad del Orto tiene piqueteros, a conmemorar, con su estilo estético, el DIC y corten rutas, tiren cuetes, rompan autos-especialmente un Mustang- y rompan el boliche, por imperialista, antipopular y caro.

Quiera también el buen Dios, que Sobisch, se mande otra cagadita y corten todas las rutas al KM 998.

Que si todo esto no se puede cumplir, quiera el buen Dios, que por lo menos se rompa el sistema de teléfonos celulares en la Ciudad del Orto, para que no tenga que soportar la segurísima, impertinente llamada de borrachos.


El buen Dios, me ha fallado mucho, es mas, siempre, por lo que sospecho que el muy culiado, va a hacer todo para que la pasen de la gran puta, se mamen, canten, bailen, y cuenten chistes verdes.

El estoicismo, la dignidad y mi hombría de bien, espero puedan contra la inmoral tentación de apagar el celular, taparme la cabeza con la almuada y patalear mientras puteo en calabrés.

Ho dito!!!